¿Por qué puedo reclamar y qué puedo conseguir si reclamo?

La comercialización de estas tarjetas ha generado principalmente dos problemas a quienes las contrataban, siendo estas irregularidades las que le permite acudir a los tribunales para defender nuestros derechos. La primera de ellas sus elevadísimos intereses.

Estas tarjetas imponían elevados intereses que provocaban que las pequeñas cuotas con las que la entidad nos permitía devolver la deuda nunca se pudiera liquidar, haciendo creer al usuario que el importe de cuota que pagaba iba destinada a reducir su deuda cuando, en realidad, la mayor parte de ella servía únicamente para pagar los elevados intereses. Los intereses medios que aplican estas tarjetas de un 25% de Tasa Anual Equivalente (TAE) de media.

Partiendo de la Ley de Represión de Usura de 1908, que sanciona aquellas financiaciones que imponen unos intereses que resultan “notablemente superior al normal del dinero”, nuestro Tribunal Supremo ha dictado Sentencias que abren la vía a ha pedir la nulidad de estas tarjetas y conseguir penalizar al prestamista usurario que solo podrá recuperar lo que prestó (o el crédito dispuesto, en el caso de las tarjetas de crédito), es decir, devolver únicamente los importes dispuestos por las compras y servicios, sin intereses de ningún tipo (ni remuneratorios ni de demora), ni comisiones, ni seguros vinculados ni cualquier otro concepto distinto al capital dispuesto.

La segunda vía es por la falta de transparencia. La contratación bancaria exige que las cláusulas que integran el contrato ofrezcan al consumidor pleno conocimiento de la carga económica y jurídica que le supondrá concertar el contrato, sin necesidad de realizar un análisis minucioso y pormenorizado del contrato, para que pueda tomar su descisión fundada y prudente de contratar o no el contrato.

En el caso de las tarjetas revolving, que cada una de las personas que contató la tarjeta se le informara, antes de contratarla, sobre su características, funcionamiento y riesgo para que tome de na forma más libre y razonada su decisión de contratarla. Estas tarjetas se comercializaban mayoritariamente sin explicación alguna sobre su funcionamiento, sobre cómo afectaría el pago de las cuotas a la deuda que contraían.

Es decir, que la información previa se haya ofrecido con suficiente antelación y que el propio contrato exponga de manera transparente el funcionamiento concreto del mecanismo revolvente al que se refiere la cláusula relativa a la liquidación y amortización de la deuda cuando la cuota de amortización no es elevada pero sí el tipo de interés ordinario.

Importante: Se puede reclamar con independencia de que la deuda de las tarjetas ya las hayamos pagado hace años o hace añoñs que ya no utilizamos estas tarjeas. La diferencia entre tener aun estas tarjetas con una deuda a hbaer liquidado ya la deuda es que en el primer caso, es decir, cuando aun tenemos las tarjetas con deuda pendiente la nuliad del contrato va a permitir aplicar todos los intereses y comisiones que hemos ido paado durante años desde el principio del contraro a pagar la deuda que nos queda pendiente y si una vez liqudiada la deuda sobrase pues se le ingresaría en vuestras cuentas En el caso de que la deuda esté ya pagada desde hace años, pues directamente el banco les pagará los intereses y comisiones en vuestras cuentas.

A modo de CONCLUSIÓN, si un oyente se pregunta cómo puede saber en definitiva si tiene o estas tarjetas y qué puede hacer. Siempre digo que una pisa clara que nos ayuda a identificarlas des cuando las tarjetas que utilizamos nos permite ir pagando la deuda mediante, a partir de ahí tendría que ponerse en contacto con un abogado especializado para que analice su caso y compruebe todo lo que hemos ibo hablando.

Por tanto, al solicitar judicialmente la nulidad de una tarjeta por usura conseguiremos recuperar todo lo que se haya pagado por intereses, comisiones y cualesquiera otros gastos y conceptos distintos al capital prestado o dispuesto. Estas cantidades recuperadas servirán en muchos casos para anular completamente la deuda que aún tuviese, debiendo entregarnos el exceso, si lo hubiere.